QuiÉnes somos

Ficha

SOY EVA GÓMEZ, ceramista.  He presentado mis creaciones en mercados artesanos, exposiciones y concursos, mientras lo compaginaba con mi actividad docente en distintos centros de Málaga y Madrid durante once años.  Curiosa, creativa y aprendiza de todo, no había llegado a encontrar ninguna disciplina que igualara mi pasión por la cerámica hasta el descubrimiento de la repostería macrobiótica. 
En el año 2000, buscando un mayor bienestar en beneficio de mi salud y a raíz de mi primer contacto con el yoga, decidí eliminar la carne de mi dieta. Creí que con eso bastaba y no me preocupé de buscar, estudiar o profundizar más en temas alimenticios.
Fue en 2012 cuando verdaderamente empecé a incluir otros hábitos y a excluir ciertos alimentos.  Conforme pasaban los meses,  fui siendo consciente de la importancia de lo que nos llevamos a la boca y realmente comprendí e interioricé la famosa frase “somos lo que comemos”.
He visto en primera persona como el alimento puede cambiar a un ser.  He visto pasar de la enfermedad a la salud, en el sentido más amplio y vigoroso de la palabra.  He visto en mi hermana una transformación en todos los niveles, que sólo puedo calificar de maravillosa. ¿Mágica? No, con esfuerzo, estudio y constancia.
No es costoso imitar costumbres o hábitos cuando sabes que los resultados son buenos. Por esta razón, no he hecho otra cosa que absorber y aprender de mi hermana como una esponja. Gracias a ella conocí a fondo la alimentación macrobiótica y lo considero el mejor regalo que me haya hecho nunca. 

Fue una gran sorpresa descubrir las similitudes entre la repostería y la cerámica.  El  mismo juego de alquimia, la importancia del fuego en la cocción, el proceso artesanal y creativo…  Seducida por las posibilidades creativas de este mismo juego con distintas reglas, estoy encantada de seguir entre hornos, rodillos, recetas y moldes, haciendo algo que me apasiona, que es saludable, algo en lo que creo  firmemente y que, no me cabe la menor duda, hará feliz a muchas personas.

MI NOMBRE ES SUSANA, soy economista y trabajo en la Universidad de Málaga desde el año 99.
¿Qué me ha llevado entonces a interesarme por un tema como el de la repostería macrobiótica? Pues todo empezó a principios de 2010, cuando debido a distintos y prolongados problemas de salud sentí que ya era hora de prestarles atención e intentar solucionarlos.

La medicina convencional no había conseguido mejorar mi situación, así que antes de tirar la toalla y conformarme con una mala salud, decidí buscar soluciones por otras vías.
Echando mano del sentido común, pensé que si la mayoría de mis problemas eran digestivos, quizá el tema de la alimentación tendría algo que ver al respecto, cosa que a ningún profesional sanitario que me había atendido se le había ocurrido hasta el momento. Así fue como empecé a investigar y a recopilar información sobre nutrición. Al principio me invadió una profunda sensación de desamparo, debido a la gran cantidad de versiones de alimentación saludable con las que me fui encontrando y, a veces, tan absolutamente contradictorias. Llegó un momento en el que no tenía la más remota idea de qué era lo más adecuado para mí.

Poco a poco empecé a darme cuenta de que aunque había distintas versiones sobre el tema, sí que era cierto que sobre determinados alimentos había pruebas y estudios más que suficientes que demostraban sus tremendos efectos nocivos para la salud.
¿Cómo era posible que alimentos que toda mi vida había considerado saludables, de pronto se convirtieran en una verdadera amenaza para mí? ¿Cómo los organismos oficiales no nos alertaban del peligro de algunas sustancias tan extendidas en nuestra sociedad y que están causando tantas enfermedades?

La respuesta era bien sencilla y triste a la vez, la industria de la alimentación y la farmacéutica son una sola, y nuestra enfermedad es uno de los negocios más rentables en la actualidad, solo detrás del narcotráfico y el tráfico de armas. La alimentación actual en los países “civilizados” se ha convertido en un arma de destrucción masiva, que de forma sutil va mermando la salud de la gente y provocando un amplio abanico de enfermedades degenerativas a edades cada vez más tempranas.

Una vez superado el shock que me produjo tomar conciencia de la situación en la que nos encontramos en el tema de la sanidad en general, llegué a la conclusión de que si quería tener una vida digna y plenas capacidades físicas y mentales durante un buen número de años, tendría que ser yo la que me responsabilizara de mi salud, y así de mi vida, de una forma que no me había planteado anteriormente.

Experimentando por mí misma, y eliminando distintos tipos de productos de mi dieta habitual (carne, lácteos, azúcar, alimentos refinados y procesados principalmente), fui sintiendo y viendo los cambios que se iban produciendo en mi cuerpo, y sorprendentemente también en mi estado mental y emocional.

Después de un par de años de continuadas lecturas de todo tipo, llegó hasta mí la alimentación energética o macrobiótica y... algo dentro de mí me dijo que era lo más sensato y auténtico que había leído hasta el momento, simplemente puro sentido común. Me permitió comprender el origen de mis dolencias y dio respuesta a los cambios que había ido experimentando desde que comenzara mi transición. Además coincidía con las bases de la alimentación recomendadas por distintas fuentes bastante interesantes desde mi punto de vista. Por citar algunas de ellas, haré referencia, en primer lugar, a la alimentación que han seguido durante siglos las tribus más longevas de la tierra y que disfrutan de una destacable ausencia de enfermedad en general; en segundo lugar, a las recomendaciones que se desprenden de un estudio nutricional de ámbito mundial publicado en 1991 por la OMS, llevado a cabo por especialistas de distintos países y disciplinas, al margen de las presiones de carácter corporativo por parte de los grupos industriales productores de alimentos; y por último, a las conclusiones extraídas de la investigación más exhaustiva realizada sobre salud y nutrición a lo largo de la historia: “El estudio de China”,  resultado de la colaboración llevada a cabo durante más de veinte años entre la Universidad de Cornell, la Universidad de Oxford y la Academia China de Medicina Preventiva.
Todas ellas, entre otras, apuntan a que la alimentación más adecuada para el ser humano debe estar basada en cereales integrales, legumbres, frutos secos, semillas, verduras, frutas de la temporada y una mínima proporción de proteína animal.

Esto fue lo que me llevó a interesarme de forma más específica en la Macrobiótica y a realizar en los últimos años estudios en la Escuela de Vida de Madrid, en la Academia Baoshi de Sevilla y en el Instituto de Macrobiótica de España de Valencia. Actualmente continúo mi formación y espero poder ayudar a difundir y dar a conocer el enorme poder que todos tenemos para dirigir y mejorar nuestras vidas, cuando cada día elegimos y cocinamos los alimentos para nosotros y nuestros seres queridos. Una auténtica alquimia que pasa desapercibida para la gran mayoría de la sociedad.

Jamás pude imaginar que un cambio en la alimentación podría llevarme a experimentar cambios tan profundos en mi vida y en mi propio ser, tanto a nivel físico como mental y emocional.

No me cabe la menor duda, si nuestra alimentación fuese la adecuada, el ser humano sería mejor, más consciente; en definitiva, más feliz. Y el mundo, un espacio más solidario, ecológico y justo donde vivir.