¿Por qué productos integrales?

¿Por qué productos integrales?

Desde un punto de vista nutricional, los productos refinados tales como el arroz, las harinas o la pasta son muy inferiores a los cereales integrales y sus productos derivados. En el proceso de refinado se les priva de la fibra, vitaminas como la B1, proteínas y minerales, de manera que el cuerpo para poder metabolizarlos tendrá que recurrir a sus propias reservas, generando por tanto, una desmineralización y unas carencias nutricionales importantes. Minerales tan imprescindibles como el selenio, el potasio o el magnesio, entre otros, desempeñan un papel fundamental en nuestro sistema de desintoxicación, y su carencia a la larga provocará una acumulación de tóxicos en nuestro organismo que inevitablemente terminará sufriendo las consecuencias.

La eliminación de la fibra también tiene serias repercusiones en el cuerpo, como una más difícil metabolización de los azúcares, lo que provoca una subida del índice glucémico, hipoglucemia reaccional  o reactiva y a la larga la acumulación de grasa y la aparición de diabetes. Por otro lado, la digestión se hace más difícil así como la asimilación de los nutrientes. La fibra también regula los niveles de colesterol y ayuda a la prevención de ciertos tipos de cáncer.

Mientras que los refinados nos merman la salud, los integrales nos ayudan a preservarla a la vez que nos nutren.


¿POR QUÉ PRODUCTOS LIBRES DE QUÍMICOS?
La sociedad actual se ha visto sometida a unos niveles de toxicidad en los últimos cien años como nunca a lo largo de la historia. Encontramos sustancias tóxicas en el agua que consumimos, en el aire que respiramos, en los materiales de construcción, en la ropa, en los alimentos, en los medicamentos. Además, estas sustancias parecen ser particularmente nocivas cuando se mezclan entre sí en el organismo, ya que el efecto de su combinación tiende a ser sinergético. Colorantes, conservantes, aromatizantes, espesantes, además de insecticidas, pesticidas, hormonas, antibióticos y todo tipo de químicos y aditivos sintéticos forman parte de la alimentación convencional actual.

El cuerpo tiene que tratar con tal cantidad de sustancias nocivas para la salud que su acumulación a largo plazo provoca una saturación del mismo y la aparición de toda serie de enfermedades. Por eso es tan importante que tratemos de evitarlas en la medida de nuestras posibilidades.


¿POR QUÉ PRODUCTOS ECOLÓGICOS?
Además de la importancia de introducir en nuestra dieta alimentos libres de sustancias químicas como son los producidos de forma ecológica, estos alimentos resultan mucho más nutritivos que los de la agricultura convencional debido a que las tierras saturadas en las que se cultivan las frutas y verduras actualmente carecen de ciertas sustancias básicas para el organismo.

Los productos ecológicos tienen más materia seca y entre un 25 o 30% menos de agua y, por tanto, una mayor concentración de nutrientes tan básicos e indispensables como son vitaminas, antioxidantes, aceites grasos poliinsaturados, minerales, proteínas y oligoelementos como el hierro y el magnesio. Además es un tipo de agricultura que conserva e incrementa la biodiversidad y preserva el medio ambiente y las formas tradicionales de cultivo.

 

¿POR QUÉ SIN PRODUCTOS DE ORIGEN ANIMAL?
Los principales motivos por los que resulta interesante reducir o eliminar el consumo de los productos de origen animal se podrían resumir brevemente en los siguientes apartados:

Por salud

Cada vez son más los estudios que demuestran que una alta ingesta de proteína animal produce serios problemas para la salud. La proliferación de enfermedades degenerativas que están sufriendo los países “desarrollados” está muy ligada al aumento exagerado del consumo de estos productos en las últimas décadas así como a su baja calidad y alta toxicidad. Productos que antiguamente se consumían en ocasiones puntuales, como son la carne, el pescado, los huevos, la leche y una gran variedad de productos lácteos, ocupan ahora un gran protagonismo en nuestra dieta diaria.

Especial atención se merecen estos últimos ya que siempre se nos han recomendado como una buena forma de obtener calcio. Sin embargo, habría que aclarar que aunque los lácteos son ricos en este mineral, su asimilación es muy baja, ya que su proporción de magnesio es escasa y la de fósforo muy elevada lo que impide que podamos absorberlos de forma adecuada. Como el resto de proteína animal, son ricos en aminoácidos azufrados, que favorecen la descalcificación al estimular la excreción urinaria de calcio. Prueba de ello es que los países en los que más lácteos se consumen es donde precisamente más casos de osteoporosis se presentan.

Además la proteína de la leche, la caseína, es uno de los carcinógenos más potentes que se conocen en la actualidad.

Por otro lado, una buena alimentación se basa en tres pilares fundamentales, una buena ingestión, una buena asimilación y una buena eliminación.

El problema de la proteína de origen animal es que, a pesar de ser de alto valor biológico, es decir, que nos aporta todos los aminoácidos esenciales que debemos obtener a través de la alimentación, genera muchos residuos y su eliminación supone un alto coste al organismo afectando principalmente a riñones, hígado y corazón, y por lo tanto, a la larga, saturando todos los sistemas.

Mientras que la cantidad recomendada por la OMS de ingesta de productos de origen animal gira en torno a un 3% del total de nuestra dieta, en sociedades como la española se consumen alrededor de un 40%, lo que explica perfectamente el aumento de enfermedades cardiovasculares, cánceres, alergias, artrosis, artritis, problemas digestivos y respiratorios, diabetes y todo tipo de enfermedades.

Por ecología

El modelo de alimentación actual se ha convertido en el factor que más contribuye a la destrucción del medio ambiente, a la degradación de la tierra y al agotamiento del agua.

Quizá a algunos pueda sorprenderle esta afirmación, ya que no se da la suficiente información ni se le presta la importancia que merece, debido al silencio que los intereses comerciales pretenden mantener sobre este tema, pero la producción y el consumo de productos animales, especialmente la carne, los lácteos, y sus derivados, son responsables de una gran cantidad de problemas medioambientales.

La creciente demanda de estos productos está contribuyendo a agravar las dificultades ocasionadas por el calentamiento global, la escasez de agua, la contaminación de ríos y aguas subterráneas, los problemas energéticos, la creciente e imparable deforestación de bosques para cultivar transgénicos destinados a la cría de ganado, el agotamiento de los suelos, y la desaparición de especies de peces con el consiguiente desequilibrio ecológico que conlleva para toda la fauna y flora marinas.

¿Sabías que para poder llevar una dieta “normal” se requieren alrededor de 16.000 litros de agua frente a los 1.200 de una dieta vegana? ¿Y que el 50% de los peces de los océanos se usan como alimento para el ganado en forma de harina de pescado? ¿O que cada vez se está autorizando la destrucción de más espacio de la selva amazónica para destinarlo al cultivo de transgénicos para el ganado?

Sería necesario que empezáramos a reflexionar sobre estas cuestiones y que nos diéramos cuenta de que si queremos parar el ritmo actual de destrucción medioambiental es urgente un cambio radical en nuestros hábitos alimentarios.

Por solidaridad

Mientras que una gran parte de la población mundial muere por falta de alimentos y sufre de enfermedades causadas por la desnutrición, en los países del primer mundo se tiran toneladas de comida y se padecen enfermedades causadas por su consumo excesivo e inconsciente.

El modelo de producción occidental actual no es sostenible, prueba de ello es que desde que en los últimos años algunos países orientales se han sumado a él, se ha multiplicado por 7 el consumo de carne, aumentado también de forma considerable los efectos provocados por dicho modelo y mencionados en el apartado anterior.

Si las cosechas, cultivadas con los métodos adecuados, se destinaran a alimentar a la población en lugar de al ganado, sin duda alguna la situación del hambre en el mundo podría empezar a dar un giro muy positivo.

Por la defensa de la animales

Las condiciones en las que en la actualidad se encuentran las plantaciones de cría de animales destinados para el consumo humano tienen un lado muy oscuro que se pretende ocultar al público y que muchos consumidores prefieren no conocer. El maltrato animal, las  condiciones de hacinamiento en las que se encuentran, la sobreexplotación a las que se les somete y las técnicas que se emplean para obtener un mayor rendimiento, deberían ser otras cuestiones muy a tener en cuenta a la hora de plantearnos en qué tipo de productos queremos basar nuestra dieta diaria.

Este modelo destructivo e insostenible sólo podrá cambiarse si los individuos que formamos la sociedad decidimos responsabilizarnos sobre las consecuencia de los artículos que compramos a diario y dirigimos nuestra demanda a productos que no supongan un sufrimiento y un coste tan altos para los animales, el medio ambiente y parte de la población mundial más desfavorecida.