¿Por qué elegir macrobiótica?

¿Por qué elegir macrobiótica?

¿Y QUÉ ES ESO DE LA MACROBIÓTICA?

Origen de la Macrobiótica

Aunque el origen del término Macrobiótica es muy antiguo, ya Hipócrates lo utilizó hace unos 2400 años haciendo referencia a una dieta equilibrada que mejoraba la salud y la longevidad, es en el siglo XVIII cuando un alemán llamado Von Hufeland lo recupera en su libro “Macrobiótica o el arte de prolongar la vida”.

Pero sería un siglo más tarde cuando dos pedagogos, Sagen Ishitsuka y Yukikazu Sakurazawa, que se habían autocurado de graves enfermedades adoptando una dieta tradicional basada en cereales integrales, sopas de miso, algas y verduras, lo introducirían en Occidente. Ambos dedicarían años a estudiar e integrar medicina y filosofía tradicional oriental con las enseñanzas y perspectivas globales de la medicina y la ciencia moderna. Finalmente Sakurazawa, conocido como George Oshawa,  aplicaría el nombre de Macrobiótica a sus enseñanzas y dedicaría toda su vida a difundir el modo de vida macrobiótico por todo el mundo. Entre sus discípulos más destacados Michio Kushi, Tomio Kikuchi y Muramoto, los grandes maestros de la macrobiótica actual, continuarían con su labor de difusión y crearían escuelas en todos los continentes ayudando a adaptar los principios macrobióticos a la sociedad moderna conservando su integridad y sentando las bases de las enseñanzas actuales.

Morfológicamente, Macrobiótica significa Gran Vida y es eso lo que pretende ayudarnos a conseguir, alcanzar la longevidad con salud en el sentido más amplio de la palabra.

 

Macrobiótica: alimentación energética

El objetivo de la Macrobiótica es favorecer el desarrollo de la conciencia del individuo y para ello es necesario establecer unas recomendaciones alimenticias consideradas como las más adecuadas para que el ser humano pueda alcanzar su máximo potencial, no sólo biológico, sino también espiritual. Por eso la Macrobiótica es mucho más que una dieta, y es que no solamente tiene en cuenta el efecto que los alimentos tienen en nuestro cuerpo físico, sino también en otro aspecto mucho más sutil de nuestro ser como es el cuerpo energético.

El sistema energético, algo desconocido e incluso rechazado en los países de Occidente regidos por mentes muy pragmáticas y científicas, ha sido dejado totalmente de lado en el estudio tanto de la nutrición como de cualquier otro aspecto referente a la salud.

Al igual que debemos cuidar de nuestro cuerpo material, también a nuestro cuerpo energético tendríamos que prestarle la suficiente atención si queremos sentirnos bien a todos los niveles. La meditación, el yoga, el taichí, el contacto con la naturaleza, el descanso adecuado, la respiración consciente, y, cómo no, la alimentación diaria, son los mejores aliados para mantener nuestro canal energético en las mejores condiciones posibles. Esto permite que las dos grandes energías que rigen el universo, la energía de la tierra y del cielo, el yin y el yang, fluyan de forma adecuada a través de nosotros evitando que se produzcan estancamientos energéticos y la consiguiente aparición de enfermedades.

Cuando nos alimentamos no solo lo hacemos de los nutrientes que ingerimos, también estamos absorbiendo y haciendo nuestra la esencia que esos alimentos nos transmiten.

Para las mentes más reacias a creer lo que no ven, la creación de la cámara Kirlian permitió fotografiar el campo energético de cualquier sustancia, por lo que algo que en culturas de Oriente se ha estudiado y cuidado desde hace miles de años, por fin empieza a tenerse en consideración en las sociedades “modernas”.

Todos reconocemos el efecto que producen en nosotros ciertos alimentos cuando los consumimos, como el café u otro tipo de estimulantes, sin embargo, no nos hemos percatado de la influencia que ejerce en nosotros cualquier otra sustancia que ingerimos. ¿Cómo nos afecta a nivel emocional el consumo de carne, de lácteos, de vegetales, de cereales integrales,…?

El campo energético de un alimento como los cereales integrales, las semillas y otros productos vegetales llenos de vida, capaces de germinar, crecer, florecer y convertirse en frutos, está muy lejos de la energía que recibimos cuando tomamos sustancias muertas y procesadas, carentes de esencia vital. Si comemos VIDA, nos sentiremos llenos de energía y salud.

Cada célula de nuestro cuerpo, nuestra sangre y así cada órgano y sistema de nuestro organismo funcionará en función de la materia prima que le demos cada día. De este modo estaremos construyendo cada vez que nos sentamos a la mesa, la salud o la enfermedad del día de mañana en función de lo que decidamos poner en nuestros platos.

Según la Medicina Tradicional China, las emociones están directamente relacionadas con el estado de nuestros órganos, por lo tanto, una dieta adecuada nos va a permitir influir no sólo en nuestro estado físico, sino también en el mental y emocional. Sentimientos como la ira, la tristeza, el miedo, la alegría, el valor, la serenidad, están íntimamente ligados al estado en el que se encuentren nuestro hígado, nuestros pulmones, nuestros riñones, nuestro sistema digestivo.

La cocina se convierte así en una alquimia, que nos permitirá y nos ayudará a gestionar nuestras emociones.

 

Macrobiótica: alimentación equilibrada

Según las propiedades de los alimentos y los efectos que producen en nuestro organismo éstos se pueden clasificar principalmente en función de su acidez o alcalinidad, de su efecto expansivo o contractivo (yin-yang), de su capacidad para enfriar o calentar nuestros órganos, de su poder oxidante o antioxidante y de su proporción de sodio y potasio.

Una alimentación adecuada tanto a nivel de nutrientes como energético debe garantizarnos el equilibrio de estos parámetros, lo cual permitirá que nuestro organismo consiga un funcionamiento óptimo con el mínimo desgaste posible.

Así seremos capaces de desarrollar todas nuestras funciones biológicas correctamente e incluso destinar cierta energía sobrante a la regeneración de tejidos y órganos, lo que dará lugar a un aumento de nuestra vitalidad, de nuestro bienestar general, a un rejuvenecimiento del cuerpo y a la desaparición de todo tipo de enfermedades.

En la actualidad estamos consumiendo en exceso productos muy desequilibrados, ya no sólo a nivel nutricional, sino también energético, alimentos extremadamente yang o contractivos como la carne, la sal refinada, los embutidos, los huevos, los quesos curados y alimentos extremadamente yin o expansivos como el azúcar, la bollería, los productos refinados, la leche y demás productos lácteos blandos, las drogas, el alcohol, los medicamentos.

El cuerpo que siempre tiende a buscar el equilibrio para poder desarrollar sus funciones de forma adecuada, tendrá que sufrir un alto coste no sólo biológico sino también emocional para lograrlo, ya que los alimentos extremos en uno u otro sentido nos incitarán al consumo del extremo contrario en su intento por equilibrarse.

Y es precisamente en la búsqueda del equilibrio, en el equilibrio entre el yin y el yang, donde la Macrobiótica prepara el camino hacia nuestro propio equilibrio interior.

Macrobiótica: alimentación consciente

La Macrobiótica busca la integración con el medio que nos rodea para que nos resulte más fácil adaptarnos al entorno, por eso se recomienda el consumo de los productos de la zona en que vivimos y propios de cada estación. Partiendo de unas bases generales, es una dieta distinta para cada persona, ya que tiene en cuenta todos los aspectos que nos diferencian así como las circunstancias personales que atravesamos en cada momento de nuestra vida. Por eso, una dieta macrobiótica puede ser muy distinta dependiendo de si vivimos en un país o en otro, de nuestro sexo, de la estación del año en la que nos encontremos, de nuestra edad, del estado físico que tengamos, del trabajo a desarrollar cada día,...
 
Llevar a cabo una alimentación consciente es fundamental en una sociedad tan carente de valores como en la que vivimos. Una alimentación que tenga en cuenta no solo lo que es bueno para cada individuo, sino lo que es bueno también para la sociedad y para el medio ambiente en general. Una alimentación ecológica y sostenible, solidaria y respetuosa con todo y con todos los que nos rodean.

Por todo esto, la Macrobiótica se convierte en “el arte de cocinar tu felicidad y la de los demás”.